וְקַרְקַע אֵינָהּ נִגְזֶלֶת. הִלְכָּךְ לִגְזְזוּהּ אִינְהוּ, כִּי הֵיכִי דְּלִיהְווֹ יֵאוּשׁ בְּעָלִים בִּידַיְיהוּ דִּידְהוּ וְשִׁינּוּי הָרְשׁוּת בִּידַיְיכוּ.
y la tierra no es robada. Cuando alguien se apodera de una tierra, la tierra sigue siendo propiedad de su dueño original, incluso si ese dueño ya se ha desesperado. En este caso, existe la preocupación de que estas ramas de mirto hayan sido robadas a judíos. Por lo tanto, que los gentiles corten las ramas de mirto, para que la desesperación de los dueños ocurra cuando las ramas de mirto todavía estén en manos de los gentiles, y el cambio de posesión se lleve a cabo mediante su compra y transferencia a sus manos. La combinación de la desesperación del dueño y el cambio de posesión hará que las ramas de mirto sean propiedad de los comerciantes, y no será una mitzvá cumplida por medio de una transgresión.
סוֹף סוֹף כִּי גָזְזוּ אֲוַונְכָּרֵי, לֶיהֱוֵי יֵאוּשׁ בְּעָלִים בִּידַיְיהוּ וְשִׁינּוּי הָרְשׁוּת בִּידַן! לָא צְרִיכָא, בְּהוֹשַׁעְנָא דַּאֲוַונְכָּרֵי גּוּפַיְיהוּ.
La Guemará pregunta: En última instancia, incluso cuando los comerciantes cortan las ramas de mirto, que sea un caso de desesperación en sus manos, y el cambio de posesión se realiza mediante la compra y transferencia de las ramas de mirto a las manos de los compradores. ¿Por qué Rav Huna les aconsejó que hicieran que los gentiles cortaran las ramas de mirto? El mismo resultado se logra mediante su venta. La Guemará responde: No, es necesario que Rav Huna aconseje a los comerciantes que permitan que los gentiles corten las ramas de mirto solo con respecto a las ramas de mirto de los propios comerciantes, que no pasarán por otro cambio de posesión. La única manera de asegurar que los comerciantes estén cumpliendo la mitzvá con ramas de mirto que les pertenecen es hacer que los gentiles las corten y que el cambio de posesión se lleve a cabo mediante la compra a los gentiles.
וְלִיקְנְיוּהּ בְּשִׁינּוּי מַעֲשֶׂה! קָא סָבַר לוּלָב אֵין צָרִיךְ אֶגֶד.
La Guemará pregunta: Y que adquieran las ramas de mirto mediante un cambio físico realizado por la acción de atarlas con el lulav y la rama de sauce. Así como la desesperanza seguida de un cambio de posesión efectúa la adquisición, la desesperanza seguida de un cambio físico efectúa la adquisición para quien implementa ese cambio. En ese caso también, las ramas de mirto ya no pertenecen al propietario original. La Guemará responde que Rav Huna sostiene: Un lulav no requiere atadura. No hay mitzvá de atar juntas las cuatro especies. Solo es necesario sostenerlas sin atar en la mano; por lo tanto, las ramas de mirto no pasan por ninguna acción que produzca un cambio físico.
וְאִם תִּמְצֵי לוֹמַר לוּלָב צָרִיךְ אֶגֶד, שִׁינּוּי הַחוֹזֵר לִבְרִיָּיתוֹ הוּא, וְשִׁינּוּי הַחוֹזֵר לִבְרִיָּיתוֹ — לָא שְׁמֵיהּ שִׁינּוּי.
Y aun si quieres decir que un lulav requiere atado, y por lo tanto las ramas de mirto sufren un cambio físico, es un cambio después del cual el objeto vuelve a su estado original. El atado de las especies no efectúa ningún cambio en las propias ramas de mirto. Una vez que se quita el atado, las ramas de mirto vuelven a su estado original. Y el principio es: Un cambio después del cual el objeto vuelve a su estado original no se considera un cambio. No tiene ninguna relevancia con respecto a efectuar la adquisición.
וְלִיקְנְיוּהּ בְּשִׁינּוּי הַשֵּׁם, דְּמֵעִיקָּרָא הֲוָה לֵיהּ אַסָּא וְהַשְׁתָּא
La Guemará pregunta: Y que los comerciantes adquieran una rama de mirto mediante un cambio de nombre que sufrió, pues inicialmente era llamada rama de mirto, y ahora que está designada para su uso en el cumplimiento de la mitzvá,