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מַהוּ דְּתֵימָא: מִצְוָה דִּרְמָא רַחֲמָנָא עֲלֵיהּ עַבְדַּהּ, וְהַשְׁתָּא תֵּיקוּם עֲלֵיהּ בְּאִיסּוּר אֵשֶׁת אָח, קָא מַשְׁמַע לַן.
La Guemará explica: Es necesario no sea que digas que él ha cumplido la mitzvá que el Misericordioso le impuso por medio del matrimonio de levirato, y ahora que se ha divorciado de ella ella debe una vez más quedar en relación con él bajo la prohibición que proscribe la esposa de un hermano, que era su estatus antes de que la mitzvá del matrimonio de levirato entrara en vigor. El tanna, por lo tanto, nos enseña que, puesto que él realizó el matrimonio de levirato con ella, la prohibición que proscribe la esposa de un hermano ya no se aplica en absoluto.
וְאֵימָא הָכִי נָמֵי! אָמַר קְרָא ״וּלְקָחָהּ לוֹ לְאִשָּׁה״. כֵּיוָן שֶׁלְּקָחָהּ — נַעֲשֵׂית כְּאִשְׁתּוֹ.
La Guemará pregunta: Y di que en efecto, la prohibición que proscribe a la esposa de un hermano debería volver a estar en vigor. La Guemará explica: El versículo dice: “Y él la tomará para sí por esposa” (Deuteronomio 25:5), lo que indica que, una vez que él la ha tomado, ella se ha vuelto como su esposa regular en todos los aspectos.
בִּלְבַד שֶׁתְּהֵא כְּתוּבָּתָהּ עַל נִכְסֵי בַּעְלָהּ הָרִאשׁוֹן. מַאי טַעְמָא — אִשָּׁה הִקְנוּ לוֹ מִן הַשָּׁמַיִם.
§ La mishná enseñó: Ella tiene el estatus de su esposa en todos los aspectos después del matrimonio de levirato, excepto que la responsabilidad por su contrato matrimonial recae sobre la propiedad de su primer marido. La Guemará pregunta: ¿Cuál es la razón de esto? Es que desde el Cielo le adquirieron una esposa. Como él no la eligió, sino que se casó con ella por fuerza de un mandamiento de la Torah, no está obligado a asignarle un contrato matrimonial propio. Más bien, se apoya en el contrato matrimonial de su hermano.
וְאִי לֵית לַהּ מֵרִאשׁוֹן, אִית לַהּ מִשֵּׁנִי. כְּדֵי שֶׁלֹּא תְּהֵא קַלָּה בְּעֵינָיו לְהוֹצִיאָהּ.
La Guemará añade: Y si ella no tiene nada del primero marido, por ejemplo, si él no poseía ninguna propiedad, ella, sin embargo, tiene un contrato matrimonial del segundo, por la misma razón por la que cualquier esposa tiene derecho a un contrato matrimonial en primer lugar: Para que no sea menospreciada a sus ojos, de modo que él la divorcie fácilmente.
לֹא יֹאמַר לָהּ ״הֲרֵי כְּתוּבָּתִיךְ״. מַאי וְכֵן?
La mishná declaró además que el yavamno puede decirle: Aquí está tu contrato matrimonial, y de manera similar, un hombre no puede hacer tal declaración a su esposa. Más bien, toda su propiedad queda hipotecada para su contrato matrimonial. La Guemará pregunta: ¿Cuál es la relevancia de la frase: Y de manera similar, aquí? La halajá en ambos casos parece ser idéntica.
מַהוּ דְּתֵימָא: הָתָם הוּא דְּלָא כְּתַב לָהּ ״דִּקְנַאי וּדְקָנֵינָא״, אֲבָל הָכָא דִּכְתַב לַהּ ״דִּקְנַאי וּדְקָנֵינָא״, אֵימָא סָמְכָה דַּעְתַּהּ — קָא מַשְׁמַע לַן.
La Guemará explica: Es necesario no sea que digas que esta es la halakha solo allí, con respecto a una yevama, donde el yavam no escribió para ella un contrato matrimonial para ella y por lo tanto nunca escribió: Todos los bienes que he comprado y que compraré están hipotecados al contrato matrimonial. Pero aquí, con respecto a una esposa regular, donde sí escribió para ella un contrato matrimonial para ella que incluía la cláusula: Que he comprado y que compraré, di que ella se apoya en aquello que él ha apartado, y por lo tanto no hay necesidad de un gravamen completo sobre todos sus bienes. El tanna, por lo tanto, nos enseña que este no es el caso.
גֵּרְשָׁהּ — אֵין לָהּ אֶלָּא כְּתוּבָּתָהּ. גֵּרְשָׁהּ — אִין, לֹא גֵּרְשָׁהּ — לָא. קָא מַשְׁמַע לַן כִּדְרַבִּי אַבָּא.
§ La mishná establece que si él se divorció de ella, ella tiene solo su contrato matrimonial. No hay gravamen sobre la propiedad, y por lo tanto él puede venderla. La Guemará infiere: Si él se divorció de ella, sí, ese es el caso, pero si no se divorció de ella, no, no lo es. El tanna aquí nos enseña indirectamente que la halajá está de acuerdo con Rabí Abba, quien sostiene que la única manera en que él puede obtener control total de toda la propiedad es divorciándose de ella.
הֶחְזִירָה — הֲרֵי הִיא כְּכׇל הַנָּשִׁים, וְאֵין לָהּ אֶלָּא כְּתוּבָּתָהּ. הֶחְזִירָה, מַאי קָא מַשְׁמַע לַן? תְּנֵינָא: הַמְגָרֵשׁ אֶת הָאִשָּׁה וּמַחְזִירָה, עַל מְנָת כְּתוּבָּה רִאשׁוֹנָה מַחְזִירָהּ!
Además, se enseñó en la mishná que si él se volvió a casar con ella, ella es como todas las mujeres y no tiene nada más que su contrato matrimonial. La Guemará pregunta: ¿Qué nos enseña el tanna al mencionar la posibilidad de que él se volviera a casar con ella? Nosotros ya aprendimos esto: Con respecto a alguien que se divorcia de una mujer y se vuelve a casar con ella, se vuelve a casar con ella sobre la base de su primer contrato matrimonial, y no necesita escribirle uno nuevo. ¿Por qué es necesario enfatizar esta halajá en el caso de una yevamá?
מַהוּ דְּתֵימָא: אִשְׁתּוֹ הוּא דְּאִיהוּ כְּתַב לַהּ כְּתוּבָּה מִינֵּיהּ, אֲבָל יְבִמְתּוֹ דְּלָא אִיהוּ כְּתַב לַהּ, הֵיכָא דְּגָרְשַׁהּ וְאַהְדְּרַהּ — אֵימָא כְּתוּבְּתַהּ מִינֵּיהּ, קָא מַשְׁמַע לַן.
La Guemará responde: Esto es necesario, no sea que digas que esta es la halajá en el caso de una esposa, ya que él le escribe un contrato matrimonial de sus propios bienes, y por lo tanto, cuando vuelve a casarse con ella, lo hace sobre la base del primer contrato matrimonial. Pero, en cuanto a su yevamá, para quien él no escribió el contrato matrimonial sino que lo escribió su hermano, en un caso en el que se divorció de ella y volvió a casarse con ella, di que su contrato matrimonial debe ser de él y que debe escribir uno nuevo usando sus propios bienes. Por lo tanto, el tannanos enseña que esto no es necesario.
אָמַר רַב יְהוּדָה: בָּרִאשׁוֹנָה הָיוּ כּוֹתְבִין לִבְתוּלָה מָאתַיִם וּלְאַלְמָנָה מָנֶה, וְהָיוּ מַזְקִינִין וְלֹא הָיוּ נוֹשְׂאִין נָשִׁים, עַד שֶׁבָּא שִׁמְעוֹן בֶּן שָׁטַח וְתִיקֵּן, כׇּל נְכָסָיו אַחְרָאִין לִכְתוּבָּתָהּ.
§ La Guemará analiza el trasfondo de la regla según la cual la propiedad del marido queda hipotecada para el contrato matrimonial. Rav Yehuda dijo: Al principio escribían para una virgen doscientos dinares y para una viuda cien dinares. Luego exigían que esta cantidad estuviera disponible en efectivo, y entonces los hombres envejecían y no se casaban con mujeres, ya que no todos poseían sumas tan grandes de dinero, hasta que llegó Shimon ben Shataḥ e instituyó una ordenanza según la cual un hombre no necesitaba apartar el dinero en la práctica. Más bien, toda su propiedad queda garantizada para su contrato matrimonial.
תַּנְיָא נָמֵי הָכִי: בָּרִאשׁוֹנָה הָיוּ כּוֹתְבִין לִבְתוּלָה מָאתַיִם וּלְאַלְמָנָה מָנֶה, וְהָיוּ מַזְקִינִין וְלֹא הָיוּ נוֹשְׂאִין נָשִׁים. הִתְקִינוּ שֶׁיִּהְיוּ מַנִּיחִין אוֹתָהּ בְּבֵית אָבִיהָ. וַעֲדַיִין: כְּשֶׁהוּא כּוֹעֵס עָלֶיהָ, אוֹמֵר לָהּ: ״לְכִי אֵצֶל כְּתוּבָּתִיךְ״,
La Guemará comenta: Esa opinión también se enseña en una baraita: Al principio escribían para una virgen doscientos dinares y para una viuda cien dinares, y envejecían y no se casaban con mujeres, ya que las mujeres temían que el dinero de su contrato matrimonial se desperdiciara o se perdiera, y no tenían garantía de que se cobraría. Por lo tanto, los Sabios instituyeron una ordenanza de que lo colocaran, la suma del contrato matrimonial, en la casa de su padre, asegurando así su resguardo. Y aun así surgieron problemas, pues cuando él estaba enojado con su esposa, le decía: Ve a tu contrato matrimonial, ya que era demasiado fácil para ellos divorciarse.
הִתְקִינוּ שֶׁיִּהְיוּ מַנִּיחִין אוֹתָהּ בְּבֵית חָמִיהָ. עֲשִׁירוֹת עוֹשׂוֹת אוֹתָהּ קְלָתוֹת שֶׁל כֶּסֶף וְשֶׁל זָהָב, עֲנִיּוֹת הָיוּ עוֹשׂוֹת אוֹתָהּ עָבִיט שֶׁל מֵימֵי רַגְלַיִם.
Por lo tanto, los Sabios instituyeron una ordenanza de que lo colocarían en la casa de su suegro, es decir, en la casa de su marido. Y las mujeres ricas convertían el dinero de su contrato matrimonial en cestas de plata y de oro, mientras que las pobres lo convertían en un recipiente grande para la recolección de orina, ya que su contrato matrimonial era lo bastante grande solo para un recipiente pequeño.
וַעֲדַיִין, כְּשֶׁכּוֹעֵס עָלֶיהָ אוֹמֵר לָהּ: ״טְלִי כְּתוּבָּתִיךְ וָצֵאִי״. עַד שֶׁבָּא שִׁמְעוֹן בֶּן שָׁטַח וְתִיקֵּן, שֶׁיְּהֵא כּוֹתֵב לָהּ: כׇּל נְכָסַי אַחְרָאִין לִכְתוּבָּתָהּ.
Y aun así, cuando él estaba enojado con ella, le decía: Toma tu contrato matrimonial y vete, hasta que llegó Shimón ben Shataḥ e instituyó una ordenanza según la cual él no le entrega realmente el dinero de su contrato matrimonial. Más bien, debe escribirle: Toda mi propiedad queda garantizada para su contrato matrimonial, y esto no queda localizado en un lugar u objeto particular. En consecuencia, tendría que vender parte de su propiedad si quisiera divorciarse de ella, y por lo tanto lo pensaría cuidadosamente antes de emprender una medida tan drástica.


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