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יֵאוּשׁ שֶׁלֹּא מִדַּעַת, אַבָּיֵי אָמַר: לָא הָוֵי יֵאוּשׁ. וְרָבָא אָמַר: הָוֵי יֵאוּשׁ.
Con respecto a la desesperación de una persona por recuperar su objeto perdido que no es un sentimiento consciente, es decir, si hubiera sido consciente de la pérdida de su propiedad, habría desesperado de recuperarla, pero no era consciente de su pérdida cuando el hallador descubrió el objeto, Abaye dijo: Esto no es considerado desesperación; el propietario mantiene la propiedad del objeto, y el hallador no puede quedárselo. Y Rava dijo: Esto sí es considerado desesperación y el hallador puede quedárselo.
בְּדָבָר שֶׁיֵּשׁ בּוֹ סִימָן – כּוּלֵּי עָלְמָא לָא פְּלִיגִי דְּלָא הָוֵי יֵאוּשׁ. וְאַף עַל גַּב דְּשַׁמְעִינֵיהּ דְּמִיָּאַשׁ לְסוֹף, לָא הָוֵי יֵאוּשׁ, דְּכִי אֲתָא לִידֵיהּ – בְּאִיסּוּרָא הוּא דַּאֲתָא לִידֵיהּ, דִּלְכִי יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ לָא מִיָּאַשׁ, מֵימָר אָמַר: סִימָנָא אִית לִי בְּגַוֵּיהּ, יָהֵבְנָא סִימָנָא וְשָׁקֵילְנָא לֵיהּ.
La Guemará limita el alcance de la disputa. En el caso de un objeto sobre el cual hay una señal distintiva, todos están de acuerdo en que la desesperación inconsciente no es considerada desesperación. Y aunque sabemos que finalmente se desespera de recuperar el objeto, eso no se considera desesperación, ya que cuando el objeto llegó a la posesión del hallador, fue de manera prohibida que llegó a su posesión. Está prohibido porque cuando el dueño se entera de que cayó de su posesión, no se desespera de recuperarlo de inmediato. Más bien, dice: Tengo una señal distintiva en el objeto; proporcionaré la señal distintiva al hallador, y lo tomaré.
בְּזוּטוֹ שֶׁל יָם וּבִשְׁלוּלִיתוֹ שֶׁל נָהָר, אַף עַל גַּב דְּאִית בֵּיהּ סִימָן, רַחֲמָנָא שַׁרְיֵיהּ, כִּדְבָעֵינַן לְמֵימַר לְקַמַּן.
Con respecto a un objeto arrastrado por la marea del mar o por la crecida de un río, aunque el objeto tiene una señal distintiva, el Misericordioso permite que quien lo encuentre se quede con él, como procuraremos exponer más abajo, más adelante en la discusión.
כִּי פְּלִיגִי בְּדָבָר שֶׁאֵין בּוֹ סִימָן. אַבָּיֵי אָמַר: לָא הָוֵי יֵאוּשׁ, דְּהָא לָא יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ. רָבָא אָמַר: הָוֵי יֵאוּשׁ, דִּלְכִי יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ – מִיָּאַשׁ. מֵימָר אָמַר: סִימָנָא לֵית לִי בְּגַוֵּיהּ, מֵהַשְׁתָּא הוּא דְּמִיָּאַשׁ.
Cuando discrepan, es con respecto a un objeto que no tiene señal distintiva. Abaye dijo: La desesperanza inconsciente no es considerada desesperanza, ya que él no sabía que el objeto se le cayó; por lo tanto, no puede desesperar de recuperarlo. Rava dijo: La desesperanza inconsciente sí es considerada desesperanza, pues cuando descubra que se le cayó, desesperará de recuperarlo; pues dice al descubrirlo: No tengo señal distintiva en el objeto. Por lo tanto, se considera desde ahora, desde el momento en que el objeto cayó, que desespera.
(סִימַן פמג״ש ממקגט״י ככסע״ז)
La Guemará procede a citar una serie de pruebas a favor y en contra de las opiniones de Abaye y Rava y presenta una mnemotecnia que representa esas pruebas: Peh, mem, gimmel, shin; mem, mem, kuf, gimmel, tet, yod; kaf, kaf, samekh, ayin, zayin.
תָּא שְׁמַע: פֵּירוֹת מְפוּזָּרִין, הָא לָא יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ! הָא אָמַר רַב עוּקְבָא בַּר חָמָא: הָכָא בְּמַכְנַשְׁתָּא (דְּבִיזְרֵי) [דְּבֵי דָרֵי] עָסְקִינַן, דַּאֲבֵידָה מִדַּעַת הִיא.
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de la mishná: Si alguien encontró productos esparcidos, le pertenecen. La Guemará pregunta: ¿Por qué le pertenecen?; ¿acaso no está el dueño sin saber que se le cayeron? Aparentemente, la desesperación que no es consciente se considera desesperación. La Guemará rechaza esa prueba: ¿Acaso Rav Ukva bar Ḥama no dijo: Estamos tratando con granos de trigo que quedaron durante la recolección del grano en la era? El dueño dejó conscientemente los granos en la era porque no valía la pena recogerlos. Eso es una pérdida deliberada, y por lo tanto la desesperación es consciente. Por lo tanto, esta cláusula de la mishná no es relevante para la disputa en cuestión.
תָּא שְׁמַע: מָעוֹת מְפוּזָּרוֹת – הֲרֵי אֵלּוּ שֶׁלּוֹ, אַמַּאי? הָא לָא יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ! הָתָם נָמֵי כִּדְרַבִּי יִצְחָק דְּאָמַר: אָדָם עָשׂוּי לְמַשְׁמֵשׁ בְּכִיסוֹ בְּכׇל שָׁעָה וְשָׁעָה. הָכָא נָמֵי אָדָם עָשׂוּי לְמַשְׁמֵשׁ בְּכִיסוֹ בְּכׇל שָׁעָה וְשָׁעָה.
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de la mishná: Si alguien encontró monedas esparcidas, estas le pertenecen a él. La Guemará pregunta: ¿Por qué le pertenecen a quien las encuentra? ¿Acaso no está el dueño sin saber que se le cayeron? Aparentemente, la desesperanza que no es consciente se considera desesperanza. La Guemará rechaza esa prueba: También allí, no es un caso de desesperanza inconsciente, de acuerdo con la declaración de Rabí Yitzḥak, quien dice: Una persona tiende a palpar constantemente su bolsa de dinero. También aquí, una persona tiende a palpar constantemente su bolsa de dinero; por lo tanto, es razonable suponer que poco después de que las monedas cayeron, el dueño se dio cuenta de su pérdida.
תָּא שְׁמַע: עִיגּוּלֵי דְבֵילָה וְכִכָּרוֹת שֶׁל נַחְתּוֹם – הֲרֵי אֵלּוּ שֶׁלּוֹ. אַמַּאי? וְהָא לָא יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ? הָתָם נָמֵי, אַגַּב דְּיַקִּירֵי מִידָּע יָדַע בְּהוּ.
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de la mishná: Si alguien encontró tortas redondas de higos prensados o panes de panadero, estos le pertenecen a él. La Guemará pregunta: ¿Por qué le pertenecen al que los encuentra? ¿Acaso no está el dueño inconsciente de que se le cayeron? Aparentemente, la desesperación que no es consciente se considera desesperación. La Guemará rechaza esa prueba: También allí, no es un caso de desesperación inconsciente. Dado que estos objetos son pesados, él sabe que ellos se cayeron, y es razonable suponer que poco después de que cayeron el dueño se dio cuenta de su pérdida.
תָּא שְׁמַע: וּלְשׁוֹנוֹת שֶׁל אַרְגָּמָן – הֲרֵי אֵלּוּ שֶׁלּוֹ. וְאַמַּאי? הָא לָא יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ! הָתָם נָמֵי, אַגַּב דַּחֲשִׁיבִי מַשְׁמוּשֵׁי מְמַשְׁמֵשׁ בְּהוּ, וְכִדְרַבִּי יִצְחָק.
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de la mishná: Si alguien encontró tiras de lana púrpura, estas le pertenecen a él. La Guemará pregunta: ¿Y por qué le pertenecen a quien las encuentra?; ¿acaso no está el dueño inconsciente de que se le cayeron? Aparentemente, la desesperanza que no es consciente se considera desesperanza. La Guemará rechaza esa prueba: También allí, no es un caso de desesperanza inconsciente. Dado que son importantes y valiosas, el dueño las tantea para comprobarlas y asegurarse de que no se hayan perdido, y, por lo tanto, es razonable suponer que poco después de que las tiras cayeran, el dueño se dio cuenta de su pérdida. Este razonamiento está de acuerdo con la declaración del rabino Yitzḥak con respecto a las monedas.
תָּא שְׁמַע: הַמּוֹצֵא מָעוֹת בְּבָתֵּי כְנֵסִיּוֹת וּבְבָתֵּי מִדְרָשׁוֹת, וּבְכׇל מָקוֹם שֶׁהָרַבִּים מְצוּיִין שָׁם – הֲרֵי אֵלּוּ שֶׁלּוֹ, מִפְּנֵי שֶׁהַבְּעָלִים מִתְיָאֲשִׁין מֵהֶן. וְהָא לָא יָדַע דִּנְפַל מִינֵּיהּ? אָמַר רַבִּי יִצְחָק: אָדָם עָשׂוּי לְמַשְׁמֵשׁ בְּכִיסוֹ בְּכׇל שָׁעָה.
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de una baraita: En el caso de quien encuentra monedas en sinagogas, y en casas de estudio, y en cualquier lugar donde se encuentran multitudes, estas monedas le pertenecen a él debido al hecho de que los dueños desesperan de su recuperación. ¿Por qué le pertenecen; acaso no está el dueño enterado de que las monedas se le cayeron? Rabí Yitzḥak dice: Una persona tiende a palpar constantemente su bolsa de dinero; por lo tanto, es razonable suponer que poco después de que las monedas cayeron, el dueño se dio cuenta de su pérdida.
תָּא שְׁמַע: מֵאֵימָתַי כׇּל אָדָם מוּתָּרִים בַּלֶּקֶט? מִשֶּׁיֵּלְכוּ בָּהּ הַנָּמוֹשׁוֹת. וְאָמְרִינַן: מַאי נָמוֹשׁוֹת? וְאָמַר רַבִּי יוֹחָנָן: סָבֵי דְּאָזְלִי אַתִּיגְרָא. רֵישׁ לָקִישׁ אָמַר: לָקוֹטֵי בָּתַר לָקוֹטֵי.
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de una mishná (Pe’a 8:1): ¿Desde cuándo está permitido que cualquier persona recoja espigas caídas, que la Torah designa exclusivamente para los pobres (véase Levítico 19:9–10)? Está permitido una vez que los nemushot han entrado en el campo. Y decimos al interpretar la mishná: ¿Qué son los nemushot? Y Rabí Yoḥanan dijo: Son los ancianos que caminan apoyados en un bastón. Como caminan lentamente, verán cualquier tallo que quede y lo tomarán. Reish Lakish dijo: Son la segunda ola de recolectores que pasan por el campo después de los recolectores iniciales, recogiendo cualquier tallo que quede.
וְאַמַּאי? נְהִי דַּעֲנִיִּים דְּהָכָא מִיָּאֲשִׁי – אִיכָּא עֲנִיִּים בְּדוּכְתָּא אַחְרִיתָא דְּלָא מִיָּאֲשִׁי! אָמְרִי: כֵּיוָן דְּאִיכָּא עֲנִיִּים הָכָא, הָנָךְ מֵעִיקָּרָא אִיָּאוֹשֵׁי מִיָּאַשׁ, וְאָמְרִי: עֲנִיִּים דְּהָתָם מְלַקְּטִי לֵיהּ.
La Guemará pregunta: ¿Y por qué se permite que cualquier persona tome los tallos, dado que, aunque los pobres que están aquí renuncian a la propiedad de los tallos después de ver pasar a los nemushot por el campo, hay pobres en otro lugar que no saben del paso de los nemushot y no renuncian a la propiedad? Aparentemente, la desesperanza no consciente se considera desesperanza. Los Sabios dicen, al rechazar esa prueba: Dado que hay pobres aquí, aquellos pobres de otros lugares desesperan de las espigas recogidas desde el principio, y dicen: Los pobres que están allí recogen las espigas.
תָּא שְׁמַע: קְצִיעוֹת בַּדֶּרֶךְ, וַאֲפִילּוּ בְּצַד שְׂדֵה קְצִיעוֹת, וְכֵן תְּאֵנָה הַנּוֹטָה לַדֶּרֶךְ, וּמָצָא תְּאֵנִים תַּחְתֶּיהָ – מוּתָּרוֹת מִשּׁוּם גָּזֵל, וּפְטוּרוֹת מִן הַמַּעֲשֵׂר. בְּזֵיתִים וּבְחָרוּבִים – אָסוּר.
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de una mishná (Ma’asrot 3:4): Si se encuentran higos secos en el camino, e incluso si se encontraron al lado de un campo donde higos secos están extendidos para secarse, y asimismo, si hay una higuera cuyas ramas se extienden sobre un camino y alguien encontró higos debajo de ella, esos higos están permitidos y tomarlos no está prohibido debido a la prohibición de robo. Y como estos son bienes sin dueño, quien los encuentra está exento de la obligación de separar diezmos. En el caso de aceitunas o de algarrobas, está prohibido tomar la fruta.
בִּשְׁלָמָא רֵישָׁא לְאַבָּיֵי לָא קַשְׁיָא: אַגַּב דַּחֲשִׁיבִי – מְמַשְׁמֵשׁ בְּהוּ. תְּאֵנָה נָמֵי מִידָּע יְדִיעַ דְּנָתְרָא.
Concedido, la primera cláusula de la mishná no es difícil según la opinión de Abaye, ya que él puede explicar que uno se desespera conscientemente de recuperar los higos secos. Dado que los higos secos son importantes y valiosos, uno los tantea para encontrarlos y asegurarse de que no se hayan perdido. Es razonable suponer que poco después de que los frutos cayeran, el dueño se dio cuenta de su pérdida y desistió de recuperarlos. En el caso de la higuera, también se sabe que es algo común que el fruto de la higuera caiga del árbol, y él renuncia a la propiedad desde el principio.
אֶלָּא סֵיפָא לְרָבָא קַשְׁיָא, דְּקָתָנֵי ״בְּזֵיתִים וּבְחָרוּבִים אָסוּר״, אָמַר רַבִּי אֲבָהוּ: שָׁאנֵי זַיִת, הוֹאִיל וְחָזוּתוֹ מוֹכִיחַ עָלָיו, וְאַף עַל גַּב דְּנָתְרִין זֵיתֵי מִידָּע יְדִיעַ, דּוּכְתָּא דְּאִינִישׁ אִינִישׁ הוּא.
Pero la cláusula final de la mishná es difícil según la opinión de Rava, pues enseña: En el caso de aceitunas o de algarrobas, está prohibido tomar los frutos. Aparentemente, la desesperanza inconsciente no se considera desesperanza. Rabbi Abbahu dijo: La halakha del olivo es diferente, ya que su apariencia prueba la identidad del dueño, pues el fruto caído del árbol se parece al fruto de ese árbol, y aunque las aceitunas caen del árbol, quien encuentra las aceitunas sabe que un olivo ubicado en un lugar que pertenece a una persona específica pertenece a esa persona, y el dueño no renunciará a la propiedad de sus frutos.
אִי הָכִי, אֲפִילּוּ רֵישָׁא נָמֵי! אָמַר רַב פָּפָּא: תְּאֵנָה עִם נְפִילָתָהּ נִמְאֶסֶת.
La Guemará pregunta: Si es así, entonces incluso en la primera cláusula también, debería estar prohibido tomar la fruta que cayó de la higuera. Rav Pappa dijo: Un higo se vuelve repugnante con su caída del árbol. Incluso si la fruta puede atribuirse al árbol de origen, dado que ya no es apta para el consumo, el dueño no la querría y, en consecuencia, renuncia a su propiedad sobre ella.
תָּא שְׁמַע: הַגַּנָּב שֶׁנָּטַל מִזֶּה וְנָתַן לָזֶה, וְכֵן גַּזְלָן שֶׁנָּטַל מִזֶּה וְנָתַן לָזֶה,
La Guemará sugiere: Ven y escucha una prueba de una baraita: Un ladrón que tomó un objeto de esta persona y lo dio a aquella persona, y asimismo, un salteador que tomó un objeto de esta persona y lo dio a aquella persona,

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