הָתָם, ״הֵן חָסֵר הֵן יָתֵיר״ אֲמַר לֵיהּ, מִיהוּ רְבִיעַ לָא חֲשִׁיב; יָתֵר מֵרְבִיעַ – חֲשִׁיב,
Allí, en el caso de la venta de tierra, la razón por la que el comprador puede quedarse con la tierra adicional cuando es menor que el límite aceptable es que el vendedor le dijo: Te vendo esta parcela de tierra ya sea que sea un poco menor o un poco mayor que un beit kor, es decir, acepta tolerar una pequeña desviación del área declarada. Pero, aunque un área adicional de un cuarto de kav por beit se’a no es significativa, y por lo tanto el vendedor está dispuesto a renunciar a ella, más de un cuarto de kav por beit se’a sí es significativo, y el vendedor no está dispuesto a renunciar a nada de ello. En consecuencia, toda la tierra adicional debe ser devuelta. En cambio, en el caso del dictamen de Rav Huna, el comprador sabe que es normal que haya cierta proporción de impurezas mezcladas y acepta esta posibilidad desde el principio. En consecuencia, incluso si la proporción de impurezas es mayor que el límite aceptable, podría ser suficiente con que el vendedor recupere solo la cantidad de impurezas que excede el límite aceptable.
דְּכֵיוָן דַּחֲזֵי לֵיהּ לְאִיצְטְרוֹפֵי בְּתִשְׁעַת קַבִּין, הָוְיָא לַהּ אַרְעָא חֲשִׁיבְתָּא בְּאַפֵּי נַפְשָׁא; וְהָדְרָא.
La Guemará explica por qué es significativa un área mayor que la requerida para sembrar un cuarto de kav de semilla por cada beit se’a de tierra: La razón es que, dado que todas esas áreas adicionales de tierra son aptas para combinarse y formar un área en la que se podría sembrar nueve kav de semilla, la tierra adicional es una parcela significativa por derecho propio y, por lo tanto, debe devolverse toda. Se declaró que la tierra vendida era un beit kor, que equivale a treinta beit se’a. Si el área de la tierra adicional guardaba una proporción algo mayor que el área requerida para sembrar un cuarto de kav de semilla por cada beit se’a de tierra, entonces treinta de esas áreas serían colectivamente aproximadamente iguales a un área requerida para sembrar nueve kav.
תָּא שְׁמַע: הָאוֹנָאָה; פָּחוֹת מִשְּׁתוּת – נִקְנֶה מִקָּח, יוֹתֵר מִשְּׁתוּת – בָּטֵל מִקָּח. שְׁתוּת – קָנָה, וּמַחְזִיר אוֹנָאָה.
La Guemará sugiere: Ven y escucha un apoyo para el dictamen de Rav Huna de una baraita: Lahalajá de la explotación del precio es que, si la diferencia es menor de un sexto del valor de la mercancía, la mercancía queda adquirida de inmediato y no es necesario devolver la suma de la explotación. Si la diferencia es mayor de un sexto, entonces la transacción queda anulada. Si la diferencia es exactamente un sexto, el comprador ha adquirido la mercancía, y quien se benefició de la explotación devuelve la suma total de la explotación.
אַמַּאי? לַיהְדַּר עַד פָּחוֹת מִשְּׁתוּת! שְׁמַע מִינַּהּ, כׇּל הֵיכִי דְּבָעֵי לְאַהְדּוֹרֵי – כּוּלַּהּ מַהְדַּר!
La Guemará explica la prueba: ¿Por qué, en el caso en que la discrepancia es precisamente de un sexto, se devuelve toda la suma de la explotación? En cambio, que devuelva solo una pequeña cantidad de la explotación hasta que la diferencia sea menor que un sexto. La Guemará concluye: Aprende de esto que, del hecho de que debe devolver toda la suma, cuando se requiere que alguien devuelva parte de una venta debido a una discrepancia que excede el límite aceptable de desviación, se requiere que devuelva la discrepancia entera y no solo la cantidad que excede el límite aceptable. Esto apoya el dictamen de Rav Huna.
הָכִי הַשְׁתָּא?! הָתָם, מֵעִיקָּרָא שָׁוֶה בְּשָׁוֶה אֲמַר לֵיהּ, מִיהוּ, פָּחוֹת מִשְּׁתוּת לָא יְדִיעָה בְּמָנֶה, וּמָחֵיל אִינִישׁ; שְׁתוּת – יְדִיעָה, וְלָא מָחֵיל אִינִישׁ, יָתֵר מִשְּׁתוּת – מִקָּח טָעוּת הוּא, וּבָטֵל מִקָּח.
La Guemará rechaza esto: ¿Cómo pueden compararse estos casos? Allí, en el caso de explotación, el vendedor inicialmente le dijo al comprador que vendería la mercancía por una suma igual a su valor. Cualquier diferencia de precio debería ser inaceptable. Pero una discrepancia de menos de un sexto no es perceptible en una venta que vale cien dinares, y una persona renunciará a ella. En cambio, una discrepancia de un sexto se considera significativa, y una persona no renunciará a ella. En consecuencia, debe devolverse toda la suma de la explotación. Si la discrepancia es mayor que un sexto, es una transacción errónea y la transacción queda anulada. En cambio, en el caso del dictamen de Rav Huna, el comprador sabe que es normal que haya cierta proporción de impurezas mezcladas y aceptó esa posibilidad desde el principio. En consecuencia, incluso si la proporción de impurezas era mayor que el límite aceptable, podría ser suficiente con que el vendedor recupere solo la cantidad de impurezas por encima del límite aceptable.
תָּא שְׁמַע: הַמְקַבֵּל שָׂדֶה מֵחֲבֵרוֹ לִיטַּע – הֲרֵי זֶה מְקַבֵּל עָלָיו עֶשֶׂר בּוֹרִיּוֹת לְמֵאָה. יוֹתֵר מִכָּאן – מְגַלְגְּלִין עָלָיו אֶת הַכֹּל.
La Guemará sugiere: Ven y escucha un apoyo para el dictamen de Rav Huna a partir de una baraita: Cuando alguien recibe un campo de otro bajo un contrato para plantar árboles en él, entonces este dueño del campo acepta sobre sí que pueda haber diez árboles defectuosos por cada cien árboles plantados, ya que sabe que no todo árbol plantado necesariamente prosperará. Si el número de árboles defectuosos es más que esto, el tribunal le impone la responsabilidad de reemplazar todos esos árboles, y no solo la cantidad de árboles por encima del límite aceptable. Esto apoya el dictamen de Rav Huna.
אָמַר רַב הוּנָא בְּרֵיהּ דְּרַב יְהוֹשֻׁעַ: כׇּל יָתֵר מִכָּאן, כְּבָא לִיטַּע מִתְּחִלָּה דָּמֵי.
Rav Huna, hijo de Rav Yehoshua, dijo: No hay prueba de este caso, porque cada vez que hay más que este número de árboles deficientes, el área total que contiene los árboles deficientes tiene un tamaño equivalente al de un campo entero. Por lo tanto, el contratista es comparable a alguien que viene a plantar un campo entero desde el principio, quien no ha cumplido su cometido si planta solo unos pocos árboles; más bien, debe plantar toda el área. Pero en el caso del dictamen de Rav Huna, las impurezas nunca constituyen una unidad independiente; en consecuencia, podría ser suficiente con que el vendedor recupere solo la cantidad de impurezas que está por encima del límite aceptable.
מַרְתֵּף שֶׁל יַיִן וְכוּ׳. הֵיכִי דָּמֵי? אִי דְּאָמַר לֵיהּ: ״מַרְתֵּף שֶׁל יַיִן״ סְתָם – קַשְׁיָא; אִי דְּאָמַר לֵיהּ: ״מַרְתֵּף זֶה שֶׁל יַיִן״ – קַשְׁיָא.
§ La mishná enseña: Al comprar una bodega que contiene barriles de vino, el comprador acepta sobre sí que puede haber hasta diez barriles de vino avinagrado por cada cien barriles comprados. La Guemará pregunta: ¿Cuáles son las circunstancias de la venta? Si alguien le dijo al comprador: Te vendo una bodega de vino, sin especificar a qué bodega se refería, esto es difícil, como la Guemará explicará pronto. Y si le dijo: Te vendo esta bodega de vino en particular, esto es difícil.
אִי דְּאָמַר לֵיהּ: ״מַרְתֵּף זֶה״ – קַשְׁיָא, דְּתַנְיָא: ״מַרְתֵּף שֶׁל יַיִן אֲנִי מוֹכֵר לָךְ״ – נוֹתֵן לוֹ יַיִן שֶׁכּוּלּוֹ יָפֶה. ״מַרְתֵּף זֶה שֶׁל יַיִן אֲנִי מוֹכֵר לָךְ״ – נוֹתֵן לוֹ יַיִן הַנִּמְכָּר בַּחֲנוּת. ״מַרְתֵּף זֶה אֲנִי מוֹכֵר לָךְ״ – אֲפִילּוּ כּוּלּוֹ חוֹמֶץ, הִגִּיעוֹ!
La Guemará explica: Si le dijo: Te estoy vendiendo esta bodega específica de vino, esto es difícil, pues se enseña en una baraita: Si alguien dijo a un comprador: Te estoy vendiendo una bodega de vino, entonces está obligado a darle vino que sea todo de buena calidad; es decir, el comprador no tiene que aceptar ninguna cantidad de vino que se esté agriando. Si dijo: Te estoy vendiendo esta bodega específica de vino, entonces puede darle el vino que tiene en su posesión, incluso si es de la calidad que se vende en las tiendas, es decir, está empezando a agriarse. Si dijo: Te estoy vendiendo esta bodega específica, sin mencionar la palabra: vino, entonces incluso si todo lo que le da es vino que se había convertido en vinagre, ha llegado a poder del comprador y la venta es válida. La decisión de la mishná de que el comprador debe aceptar que hasta el diez por ciento del vino pueda estar agriándose no concuerda con ninguna de las decisiones de la baraita.
לְעוֹלָם דְּאָמַר לֵיהּ ״מַרְתֵּף שֶׁל יַיִן״ – סְתָם, וְתָנֵי בְּרֵישָׁא דְבָרַיְיתָא: וּמְקַבֵּל עָלָיו עֶשֶׂר קוֹסְסוֹת לְמֵאָה.
La Guemará responde: En realidad, la mishná trata de un caso en el que le dijo al comprador: Te vendo una bodega de vino, sin especificar qué bodega estaba vendiendo. Y enmienda la baraita y enseña la siguiente salvedad en la primera cláusula de la baraita: Y el comprador acepta sobre sí que hasta diez barriles de vino avinagrado pueden estar presentes en cada cien barriles comprados.
וּבִסְתָם מִי מְקַבֵּל?! וְהָא תָּאנֵי רַבִּי חִיָּיא: הַמּוֹכֵר חָבִית יַיִן לַחֲבֵרוֹ – נוֹתֵן לוֹ יַיִן שֶׁכּוּלּוֹ יָפֶה! שָׁאנֵי חָבִית, דְּכוּלָּא חַד חַמְרָא הוּא.
La Guemará cuestiona esta adición: Pero si le vendió al comprador una bodega de vino sin especificar cuál estaba vendiendo, ¿acepta el comprador sobre sí cualquier cantidad de vino agrio? ¿Acaso no enseñó Rabí Ḥiyya: Quien vende un barril de vino a otro debe darle vino que sea todo de buena calidad? La Guemará responde: Un barril es diferente, porque el vino que está dentro es todo un solo cuerpo de vino de la misma calidad.
וְהָא תָּנֵי רַב זְבִיד דְּבֵי רַבִּי אוֹשַׁעְיָא: ״מַרְתֵּף שֶׁל יַיִן אֲנִי מוֹכֵר לָךְ״ – נוֹתֵן לוֹ יַיִן שֶׁכּוּלּוֹ יָפֶה. ״מַרְתֵּף זֶה שֶׁל יַיִן אֲנִי מוֹכֵר לָךְ״ – נוֹתֵן לוֹ יַיִן שֶׁכּוּלּוֹ יָפֶה, וּמְקַבֵּל עָלָיו עֶשֶׂר קוֹסְסוֹת לְמֵאָה,
La Guemará vuelve a cuestionar la adición: ¿Pero acaso Rav Zevid no enseñó una baraita de la escuela de Rabí Oshaya: Si alguien dice a un comprador: Te estoy vendiendo una bodega de vino, entonces está obligado a darle vino que sea todo de calidad buena? Del mismo modo, si dijo: Te estoy vendiendo esta bodega de vino en particular, entonces está obligado a darle vino que sea todo de calidad buena, pero el comprador acepta sobre sí diez barriles que se avinagran por cada cien barriles.